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jueves, 21 de febrero de 2008

Y un día fue el sismo

De pronto el suelo comenzó a temblar. Nunca había estado en un terremoto pero tuve la sensación que la tierra vibraba bajo los pies y subía hasta el resto del cuerpo. Una grieta comenzó a insinuarse entre nosotros dos mientras el terreno firme dejaba de existir. Comencé a ver como ella iba tomando forma; real y profunda se abría paso.. Se formó un surco de dimensiones considerables que luego se modificó en un pequeño abismo. Era suficientemente grande como para que cada uno se quedara en una orilla cuidando su cuerpo y no cayera en la fosa. Ya no podía mirarte. Tenía temor de sacar la vista de mis pies y resbalarme. Me daba pánico caerme en esa caverna oscura y húmeda donde veía como la tierra se desmoronaba y continuaba expandiéndose hacia los costados. Me quedé quieta para luego comenzar a retroceder y de esta forma preservarme; dando pequeños pasos, muy tímidos, que se convertirían en pisadas más firmes.
Y no era la sensación del peligro sino que una inmensa tristeza comenzó a cubrirlo todo asfixiándome, haciendo difícil la respiración en aquel lugar del planeta que quedaba desahuciado. Cuando pasó la angustia del primer sacudón quise mirarte pero era como si te viera por primera vez; un poco más asustado, seguramente por el suceso. No podía hablarte porque la distancia era tan, pero tan grande, que creo que una ciudad podría levantarse en aquel páramo. Sonreí un poco cuando vi llegar un ómnibus y me fui. Se hizo de noche, una noche muy profunda, muy cerrada, una gran noche de duelo en ese lugar donde se encuentra el alma. En el cielo, paradójicamente, Venus y Marte estaban más juntos que nunca, acontecimiento que no volvería a suceder en no sé cuantos años..porque para algunas cosas esas medidas sirven, pero para rehacerse de los sismos, los calendarios no sirven para nada.

6 comentarios:

La candorosa dijo...

Cuando aparecen los abismos entre dos seres... no hay alineación planetaria que las salve...

Saludos!!!

tinez dijo...

Probé con tablas, cuerdas y troncos, con cualquier cosa que pudiera hacer un puente, sin resultado: nunca pude volver al otro lado.
Hermoso y sentido relato, Ada.
Un saludo

Adolfo Calatayu dijo...

Efectivamente querida Ada,el tiempo puede medirse bajo distintas formas,asumo que la del sentimiento -para mí- es una de las más afortunada y peculiar.
Por otro lado,viví casi 2 años en Costa Rica;que se sitúa en lo que se conoce como "el cinturón de fuego",una zona altamente sísmica,al menos una vez al mes había un ligero temblor...a la larga te acostumbrás al vaivén exterior,el interior es otra cosa,claro.
Me encantó tu historia,y me encantó como la escribiste,gracias.
Cariños

Ada dijo...

Cando: es tan cierto, ni un buen horóscopo cambia la situación! Que lindo que siempre pases a visitarme con tu candor. Besos

Tinez: es un mimo tu elogio ya que tus relatos son muy buenos. Un saludo para vos también!

Adolfo: Tus palabras siempre aportan un dato interesante..y debe ser cierto, uno se acostumbra a cualquier tipo de temblor! Gracias a vos por pasar, besos

Mariana dijo...

Me hiciste pensar en los temblores y en los tiempos, y en mí (que siempre me quejo de la falta de tiempo9. Y pensé, también, en lamecanización de los seres humanos a partir de un aparatito como el relojito con su tic y su tac que todo lo van marcando, alienando a su paso, a tal punto de hacernos perder en una nebulosa cuando a ellos los perdemos.

Ayer vi LA CLASSE MORTE (La clase muerta), puesta teatral de Tadeuzs Kantor para la televisión francesa en 1989, te la recomiendo si podés conseguirla... también me hiciste acordar a ella por los páramos y distancias y tiempos.

Besos

Ada dijo...

Mariana: muy buena reflexión. Voy a intentar conseguir la obra que me recomendás. Besos