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jueves, 27 de enero de 2011
Pájaros urbanos
En el lugar donde trabajo el frente es absolutamente espejado. Y en la vereda hay unos cuántos árboles que sirven de hogar para unos pájaros perdidos.
Cada tanto, uno de estos bichos se estrella contra el vidrio.
Vienen volando y desconozco si es por un efecto narcisista o por el reflejo, pero se golpean con una brutalidad demencial. Otra alternativa es que se metan por una ventana abierta y queden revoloteando hasta que encuentren la salida medios asustados.
Como ellos, creemos que todo lo que vemos es cierto y que solo volando con energía llegaremos más rápido.
Y después del golpe no entendemos que pasó con la ruta señalada.
Me he vuelto desconfiada. De los espejos, de los espejismos y de los falsos cielos terrenales o prometidos. De las ventanas abiertas a lugares vacíos.
Prefiero dejarme llevar por la corriente que es mansa y te transporta. Y recién arremeter el vuelo cuando vea la cumbre, que por más que esté más lejos, es lo mejor que se puede anhelar.
domingo, 26 de diciembre de 2010
De pájaros
Todo lo que comienza sabemos debe tener un final, nada escapa de esta regla.
Sin embargo nunca podemos aceptar la finitud de las cosas, y así como es difícil darnos cuenta de los comienzos reales, los finales tampoco son previsibles.
A veces los sentimos en las entrañas, en ocasiones los suponemos pero otras nos caen como si fuéramos un pájaro asestado por una bala.
Con crueldad, sin sentido, de manera salvaje mientras volábamos hacia alguna dirección definida.
Y nos quedamos en la tierra, viendo como nuestra sangre se lleva no solo parte de la vida sino también los recuerdos del aire. El instinto nos llevaría a levantar un ala, pero están rotas y desplumadas, y como ese pájaro libre todo comienza a perder sentido real.
Mientras nos dormimos en el sueño de dejarnos abandonar sucede que podemos sentir que algo nos cuida. Y nos lleva lentamente bajo sus manos para darnos un pequeño refugio y alimento.
No nos toca, no interfiere en nuestra recuperación, pero nos observa para saber si necesitamos algo.
Es que todos los pájaros que salimos de las jaulas alguna vez fuímos alcanzados por un mísil. Pero nuestro objetivo siempre es volver a volar algún día y solo vivimos para eso.
Aunque nos sepamos acechados es imposible quedarse en tierra.
Es que quedarse en tierra amigos, es solo para lombrices y humanos.
(Blog dedicado a la espera de tu recuperación)
(Blog dedicado a la espera de tu recuperación)
viernes, 10 de diciembre de 2010
TIC, TAC, TIC, TAC
Siempre pienso en la paciencia; considerada como virtud o condenada al lugar de una espera inconducente. Una inútil que no hace nada porque no sabe qué ni cómo.
Siempre pienso en mi estadía cuando no puedo sostenerme en un lugar neutral. Cuando me desespera la impaciencia pero me hace sentir en movimiento.
Me sofoca suponer que puedo creer en hechos que no sucederán finalmente por más que uno los espere con confianza.
Pero qué sería de la existencia si no fuera una continua cadena de esperanzas pacientes y sonrisas guardadas en cajones de mesitas de luz?..
lunes, 6 de diciembre de 2010
Juana
Todos recordamos el cuento de Juan sin Miedo; un individuo que lo único que deseaba era sentir temor. No me acuerdo como comenzaba ni terminaba la historia, mi memoria solo conserva el personaje y su búsqueda por la carencia.
Hoy en día ser un "Juan" equivaldría a ser un suicida. Nuestra vida, con tantas cosas para recalcular, hace que la memoria funcione como un GPS y el mejor camino debería ser temer a lo desconocido, como bien aprendimos en algún lugar.
También a lo conocido que suponemos inmanejable.
Y al paso del tiempo mal utilizado.
Sentir pánico del sufrimiento a repetición y mantenernos lejos de las causas y consecuencias.
Esto mismo dijo alguno se llama experiencia.
Para mí, es sentir que volveríamos a comportarnos a repetición porque el hombre parecería ser un animal de costumbre.
Como ya dije no me acuerdo si el muchacho consiguió eso que él consideraba una virtud, si le fue útil o no pudo soportarlo.
El miedo no es un sentimiento fácil de llevar, nos mantiene vivos y a salvo mientras nos anestesia lentamente las ganas de ser otros.
Casi nada...casi todo.


lunes, 29 de noviembre de 2010
A punto de caer
Parada frente a un torbellino con más siglos que mis recuerdos. Parada sin resistirme.
Me hace perder el equilibrio pero mantiene la fuerza bajo un solo pensamiento. Y lo que menos hago es olvidarme de mí.
No quiero olvidarme en un vendaval de primavera porque son los peores para buscarse. Uno puede caer en cualquier arbusto espinoso y quejarse de las pinchaduras.
Si voy a perderme prefiero que sea cuando se acuesta el sol del verano. Uno puede instalarse en una silla y mirar hasta el horizonte, y aunque sople el viento y me quite la voz, puedo volver a encontrarme cuando duerma bajo un árbol
sábado, 27 de noviembre de 2010
Amores circulares
Eramos tan pequeños, y teníamos tantas ganas de jugar a no crecer, que no podíamos dejar de soñar. De imaginar nuestra vida de adultos inmaduros.
Hoy siento que lo único que queríamos era que nos dejaran llegar a destino.
Con nuestras nuevas metas, con las lágrimas de las logradas, con las canciones de los descansos en un sofá.
Con las pinturas copiadas, con los silencios que no se adornaban con anécdotas, con los calambres de la ira que tantas veces no sabíamos canalizar, con la construcción del orden en el caos.
Y llegamos exahustos, pero enteros.
Maravillados como quién conquista un nuevo mundo, pero seguros porque este universo se parece bastante al que teníamos en mente.
Y ahora me doy cuenta que en realidad volvemos a empezar.
Volvemos de nuevo a ser esos chicos traviesos con ganas de seguir corriendo. Que lejos de sentirnos lastimados nos sentimos enteros. Que lejos de ser adultos corrompidos, volvemos a ser puros.
Hoy volvemos a ver.
(Post dedicado a mi hermano cósmico del alma)
martes, 16 de noviembre de 2010
Hambre
La desnutrición tiene una cara visible en la delgadez extrema. Pero la falta de nutrientes tiene otra cuestión; a veces el individuo parece bien alimentado pero carece de las vitaminas que permitan desarrollar todo su potencial.
Creo que con los recuerdos sucede lo mismo.
Parece que nos alimentan pero carecen de nutrición. Se vuelven modificables y se sustentan con nuestros intereses. Si bien siguen una línea de pensamiento, con el transcurso de los años empezamos a correr los mojones de la frontera sin darnos cuenta.
Y él mismo logra su crecimiento con la fuerza de nuestro razonamiento.
Y la desnutrición llega de la mano de la añoranza. Ese sentimiento que nos estanca en sucesos que ya no están y que por mucho que quisiéramos, no podrán formar parte del minuto reciente.
Añorar es como sentarse con un plato lleno de agua, sirve pero no aporta demasiado. Parece alimento pero no lo es.
Entonces sigo buscando, como quién desea una fruta en el desierto, la manera de no sentirme satisfecha sino la táctica de ubicar a cada recuerdo en su sitio para que todo sea productivo. Para seguir creyendo en los laberintos de los relojes sin tiempo.
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