Llegó mayo, inevitable. Llegó mayo con su carga triste en la penumbra.
Llegó mayo, haciendo que vaya olvidando tus gestos.
Algunos dirán que sucede porque pesa el otoño, las hojas crujientes, la oscuridad demasiado temprano, los pájaros dormidos, el año entrando en la curva de su mitad. Otros pensarán que la nostalgia es (apenas) un mecanismo inútil para entorpecer la marcha. El resto no sabrá de qué hablo, ni tendrá opinión.
Justo cuando se detiene todo el mundo, en el día uno, arrastra una premonición de lo que se viene. El tiempo inmovil.
Siempre escribo en este mes. Parece que las palabras me brotan como fuentes de agua amarga que nadie toma, pero que podrían inundarme si no las suelto. Siempre lloro. Siempre me desarmo, me desangro, me desmadro en signos redundantes.
Es el mes número cinco. En las cartas del Tarot, también soy arquetipo cinco. No sé bien qué significa, pero es un dato en busca de sentido. Un sentido cada vez más confuso e inquieto, que se pierde en el sendero de un mes lleno de tristeza sin abandono.