(Arturo y Agustina con dos meses de edad)
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jueves, 9 de junio de 2011
Aniversario
La relación era perfecta para los demás.
Solías hablar maravillas de mis planes y proyectos pero puertas adentro te encargabas que perdiera el incentivo para lograrlo.
Yo era la hija perfecta para el resto, pero vos tenías una forma particular de calificarme.
Sin embargo el tiempo es un bálsamo que todo cura, que todo cicatriza y tiene un don exquisito cuando deja lo mejor de cada uno.
Y hoy, cuando me veo tan grande, tan adulta y tan pequeña a la vez, solo te extraño.
Quisiera estuvieras acá para hablar de la vida que de pronto se hace muy cortita justo cuando le encontrás el gusto.
Quisiera contarte que ahora entiendo cuanta responsabilidad tiene un padre y que los hijos crecen muy rápido.
Que tus nietos ya son adolescentes y me encantaría que les contaras anécdotas mías desde tu relato.
Que no era necesario que te hicieras tantos problemas; las cuentas se pagan, los gobiernos no son eternos, las computadoras no son armas del demonio, la globalización no nos paraliza y el apocalipsis se acerca o se aleja según la histeria colectiva. Pero todavía no llegó y creo que falta bastante
Y que tenías razón con el gobierno del Carlos; aunque te peleaste con todos...al final tenías razón. Pero a eso también sobrevivimos.
Que todo puede ser simple, muy simple; es solo amar y conservar los afectos, ser agradecido y estar seguro que nadie se muere un día antes.
Que la gente es como en todas las épocas, pero yo conocí mucha de la buena.
Que tenemos una mesa grande en el comedor donde se sientan amigos, amigos de amigos y amigos de hijos, y eso es digno de celebrar.
Que sigo creyendo que vos sos Papa Noel (y mis hijos también lo creen)
Pero por sobre todas las cosas, que te quiero mucho papá. Y yo sé que vos también me quisiste mucho.
Y aunque las cosas se aprendan tarde, siempre son bienvenidas cuando suceden.
(Arturo y Agustina con dos meses de edad)
(Arturo y Agustina con dos meses de edad)
lunes, 25 de abril de 2011
Palabrotas
Tenía miles de palabras sin decir. Daban vueltas y vueltas buscando un lugar. Al acumularse comenzaron a salir por los oídos, por la cuenca de los ojos, por la nariz. Llenaban el espacio dentro del cerebro y me provocaban grandes dolores de cabeza.
Entonces decidí darles sepultura.
Tomé una caja de un tamaño considerable y las fuí depositando verbalmente. Al terminar sellaba con cuidado cada hendidura para que ninguna saliera sin finalidad. Y ahí se fueron quedando, armando oraciones y conjugando mal los verbos, en un caos sin principio ni puntos finales, sin necesidad de encontrar un nudo y desenlace. Una amalgama de amores rotos, preguntas irresponsables y delirios varios.
Como todo, algunas cumplieron su ciclo vital y desaparecieron.
Otras se fugaron cuando puse nuevas palabras.
Y las que quedaron fueron convertidas en cenizas, un día que necesitaba encender un fuego.
Es importante deshacerse de las palabras que no serán dichas, de aquellas que no tienen alguien que las escuche. Aunque sean agradables o hirientes, verdades, semiverdades o mentiras, no deben ocupar lugar en los pensamientos.
Aunque el riesgo sea equivocarles el destino.
miércoles, 13 de abril de 2011
Aberturas
Hay una ventana gigante.
Los brazos no podrían abarcar su dimensión. Para cerrarla deberíamos ir de un extremo a otro realizando la operación.
Hay una ventanita. Chiquita, imperceptible, hay que cuidarla de la corriente de aire para que no se cierre. Imposible pensar en adornarla con cortinados, barrales o moños; su pequeñez no admite adornos.
En cuál de las dos nos sentaríamos para mirar? la opción del ventanal es más tentadora; todo un espectáculo, cualquiera fuera, ante nuestros ojos. El más pequeño es una visión acotada.
Sin embargo, en la mayoría de las veces, es el único elegido. Nos quedamos como parcos ante el mínimo observatorio. Esperando que algo pase nos aburrimos, nos duele el cuerpo de la mala posición y en cuanto nos descuidamos nos quedamos sin luz.
Hay ventanas y hay ventanitas.
Yo quisiera construir una casa que solo tuviera ventanales sin adornar.
jueves, 31 de marzo de 2011
De viaje
Y un día se fue.
Quedamos esperando que volviera. Pensamos que lo haría mañana pero ese día no llegó. Pusimos sillas cuando nos cansamos, usamos paraguas los días de lluvia y nos abrigamos si hacía frío. Hicimos oraciones a santos conocidos y falsos, descreímos de las religiones, aceptamos cultos peligrosos e inofensivos, pero nada dió resultado. En la espera inventamos canciones, silbamos y nos acompañamos con palmas para acelerar el tiempo. Leímos libros útiles y despreciables, diarios, revistas, pasquines y folletos Pero no volvía.
Y finalmente nos cansamos.
Y nos fuímos todos. Los amigos, los curiosos, los interesados y los oportunistas.
Y en esa noche llena de grillos volvió. Cuando nadie lo esperaba y Penélope destejía.
jueves, 27 de enero de 2011
Pájaros urbanos
En el lugar donde trabajo el frente es absolutamente espejado. Y en la vereda hay unos cuántos árboles que sirven de hogar para unos pájaros perdidos.
Cada tanto, uno de estos bichos se estrella contra el vidrio.
Vienen volando y desconozco si es por un efecto narcisista o por el reflejo, pero se golpean con una brutalidad demencial. Otra alternativa es que se metan por una ventana abierta y queden revoloteando hasta que encuentren la salida medios asustados.
Como ellos, creemos que todo lo que vemos es cierto y que solo volando con energía llegaremos más rápido.
Y después del golpe no entendemos que pasó con la ruta señalada.
Me he vuelto desconfiada. De los espejos, de los espejismos y de los falsos cielos terrenales o prometidos. De las ventanas abiertas a lugares vacíos.
Prefiero dejarme llevar por la corriente que es mansa y te transporta. Y recién arremeter el vuelo cuando vea la cumbre, que por más que esté más lejos, es lo mejor que se puede anhelar.
domingo, 26 de diciembre de 2010
De pájaros
Todo lo que comienza sabemos debe tener un final, nada escapa de esta regla.
Sin embargo nunca podemos aceptar la finitud de las cosas, y así como es difícil darnos cuenta de los comienzos reales, los finales tampoco son previsibles.
A veces los sentimos en las entrañas, en ocasiones los suponemos pero otras nos caen como si fuéramos un pájaro asestado por una bala.
Con crueldad, sin sentido, de manera salvaje mientras volábamos hacia alguna dirección definida.
Y nos quedamos en la tierra, viendo como nuestra sangre se lleva no solo parte de la vida sino también los recuerdos del aire. El instinto nos llevaría a levantar un ala, pero están rotas y desplumadas, y como ese pájaro libre todo comienza a perder sentido real.
Mientras nos dormimos en el sueño de dejarnos abandonar sucede que podemos sentir que algo nos cuida. Y nos lleva lentamente bajo sus manos para darnos un pequeño refugio y alimento.
No nos toca, no interfiere en nuestra recuperación, pero nos observa para saber si necesitamos algo.
Es que todos los pájaros que salimos de las jaulas alguna vez fuímos alcanzados por un mísil. Pero nuestro objetivo siempre es volver a volar algún día y solo vivimos para eso.
Aunque nos sepamos acechados es imposible quedarse en tierra.
Es que quedarse en tierra amigos, es solo para lombrices y humanos.
(Blog dedicado a la espera de tu recuperación)
(Blog dedicado a la espera de tu recuperación)
viernes, 10 de diciembre de 2010
TIC, TAC, TIC, TAC
Siempre pienso en la paciencia; considerada como virtud o condenada al lugar de una espera inconducente. Una inútil que no hace nada porque no sabe qué ni cómo.
Siempre pienso en mi estadía cuando no puedo sostenerme en un lugar neutral. Cuando me desespera la impaciencia pero me hace sentir en movimiento.
Me sofoca suponer que puedo creer en hechos que no sucederán finalmente por más que uno los espere con confianza.
Pero qué sería de la existencia si no fuera una continua cadena de esperanzas pacientes y sonrisas guardadas en cajones de mesitas de luz?..
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