De pronto el suelo comenzó a temblar. Nunca había estado en un terremoto pero tuve la sensación que la tierra vibraba bajo los pies y subía hasta el resto del cuerpo.
Una grieta comenzó a insinuarse entre nosotros dos mientras el terreno firme dejaba de existir. Comencé a ver como ella iba tomando forma; real y profunda se abría paso..
Se formó un surco de dimensiones considerables que luego se modificó en un pequeño abismo. Era suficientemente grande como para que cada uno se quedara en una orilla cuidando su cuerpo y no cayera en la fosa.
Ya no podía mirarte. Tenía temor de sacar la vista de mis pies y resbalarme. Me daba pánico caerme en esa caverna oscura y húmeda donde veía como la tierra se desmoronaba y continuaba expandiéndose hacia los costados. Me quedé quieta para luego comenzar a retroceder y de esta forma preservarme; dando pequeños pasos, muy tímidos, que se convertirían en pisadas más firmes.
Y no era la sensación del peligro sino que una inmensa tristeza comenzó a cubrirlo todo asfixiándome, haciendo difícil la respiración en aquel lugar del planeta que quedaba desahuciado.
Cuando pasó la angustia del primer sacudón quise mirarte pero era como si te viera por primera vez; un poco más asustado, seguramente por el suceso. No podía hablarte porque la distancia era tan, pero tan grande, que creo que una ciudad podría levantarse en aquel páramo. Sonreí un poco cuando vi llegar un ómnibus y me fui.
Se hizo de noche, una noche muy profunda, muy cerrada, una gran noche de duelo en ese lugar donde se encuentra el alma. En el cielo, paradójicamente, Venus y Marte estaban más juntos que nunca, acontecimiento que no volvería a suceder en no sé cuantos años..porque para algunas cosas esas medidas sirven, pero para rehacerse de los sismos, los calendarios no sirven para nada.


