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domingo, 29 de diciembre de 2013

Yo no lloro

Que tristeza tiene aquel que perdió sus fantasías.
Que por temer el llanto desestima el poder de la esperanza.
Quién tiene autoridad para cruzar a la vereda de los burladores?
Lamento del que no se atreve a redimirse con las pasiones.
Imagen penosa del que no sigue saboreando besos antes de dormirse dejando de anhelar abrazos desnudos y prefiere no pensar. Pertenecer al terreno de lo vivido sería el lugar de los cielos olvidados.
Yo supe tener un amor de contramano y sigo acariciando su recuerdo para que no se deje seducir por el abandono.
Yo sigo imaginando sus besos; que la distracción no me haga creer que cualquiera es capaz de dejar huella en mi escote.
Ser un tanto masoquista . Abrir la puerta para ir a jugar. En la caja del ensueño traer escenas del recreo en un verano.
Por lo tanto, me considero mansamente dichosa.
Tengo la riqueza del que se resiste a extraviar sus venturas por absurdas escenas cotidianas.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Arder

A la pregunta -quién soy yo? no podría responder.
Soy tantas cosas que no sabría cuál priorizar; si mis funciones o mis convicciones.
Soy yo un conglomerado apoltronado de sucesos, manifiestos, iras, paciencias, amores, semillas, soles y suspiros perdidos en el aire de mayo.
Soy las siestas dormidas para el reparo y las jornadas exhaustas de trabajo. Las hamacas tocando el cielo y los surcos hechos en la tierra con los pies.
Soy mi descendencia y mi ascendencia; los padres, los hijos, hermanos y sinceros parientes que me regaló la vida.
Soy este laberinto endemoniado donde la salida se oculta y un sendero liso lleno de señales que marcan los animales sueltos.
Y cuando deje esta existencia, seré la tierra que cobija en su vientre todos nuestros dones. Volveré a ser sol y lluvia, viento o marea, seré esa que quise ser y la que he sido.

martes, 26 de noviembre de 2013

La tierra se mueve

Cuando era niña escuchaba mucho "La canción del jardinero" de María Elena Walsh.
Mi estrofa preferida decía :
yo no soy un bailarín
porque me gusta quedarme
quieto en la tierra y sentir
que mis pies tienen raíz.

No era absolutamente cierto; yo amaba bailar pero la idea de sentir que me convertía en árbol me parecía (y me parece) maravillosa. Se alargan los dedos y se iban hundiendo en la tierra cada vez más profundo, menos humana y más perteneciente a un paraíso de eucaliptus añosos.

La raíz tiene metáfora de quietud pacífica, de la sabiduría que la pacha se encargará de nuestro futuro.

Pero el mundo se ha transformado. A veces la tierra se mueve y las raíces nos anclan en terrenos poco fértiles. Me faltan los nutrientes, como me había enseñado mi maestra de cuarto grado indispensables para que todo árbol siga vivo.
La tierra me sacude, me expulsa, me domina, se seca.
Y dejando mis viejas afirmaciones, algunas creencias y cierto espíritu riguroso debo abandonar esto que se ha transformado en un estanco. Obligada a moverme, sin otra opción que correr, desentierro aquello que fueron pies.

Pero comprendo que además, soy bailarín, como decía la canción. Y que lo puedo disfrutar.
Convertirme ahora en un árbol danzante buscando
un nuevo destino.
Aunque eso no figure en ninguna Enciclopedia del Conocimiento.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Parirse huérfana

Parirse.
Convivir con el dolor por muchas lunas y algunas cosechas sin siembras. Llevarlo a través de las sequías y las inundaciones más poderosas.
Ser madrehija por la capacidad de sobrevivir sin depender del progenitor.

Salir de la oscuridad, enceguecerse con la luz y perder el sentido de orientación hasta que la vista comience a registrar ciertas formas que luego serán nombradas.

Un proceso sin comienzo ni final que se transita con la fuerza estimulante de la gravedad.
Dejar lo conocido por pequeño, por estrecho, por incómodo, por nauseabundo.

Y esa vida, un poco ahogada con los fluidos del nacimiento, se instala desde los pulmones bajo gritos de recién nacida y un corazón que sigue palpitando canciones de cuna.





miércoles, 28 de agosto de 2013

45

Era un amor grande, no por su grandeza sino por su tamaño. O por ambos.
Pero también era pequeño por indefenso;  frágil en su existencia prematura como los amores que nacen a destiempo.
Traía historias ajenas en algún rincón del pensamiento, remitiendo pocas vivencias pero con apéndices de cuentos terminados.
Y así lo fui ovillando, enredando, enmarañando.
Quizá era la falta de experiencia para cuidar de recién nacidos o la tristeza desmedida que no tuvo piedad en someter a una vida corta.
Porque era inmenso pero no llegó a desarrollarse. Estaba satisfecho con  palabras mal escuchadas, silencios protagonistas o diálogos insurrectos que se convirtieron en monólogos.

¿Habrá que dejar que el huracán arrase con todo y negarse a plantar semillas en medio del viento?
No lo sé.
Busco en una caja que está llena de quizás y no encuentro ningún porque.
Me queda pensar que la falta de conocimiento se convierte en la esperanza de los ignorantes.

Y si nuevas ciudades resucitan, después de los tornados más impíos, habrá que pasar la noche dentro de refugios construidos.
Para esperar.
Para creer. Para crear.
Y cuando la madre tierra termine su ciclo, recibir las primeras flores. Bajo cualquier forma, algún día también se mueren los inviernos.

martes, 13 de agosto de 2013

Calendario

El 31 de Octubre debía celebrar el Día de Brujas en otro país.
En esa fecha, los fantasmas rondarían por la Plaza principal sin mirarnos aunque quisieran vivir más de la cuenta.
Deambularían sin tocarnos para generar en mi compañero de ruta alguna risa miserable.
Faltaba poco para terminar el año y entonces podríamos saldar todas las deudas pendientes. Después la vida seguiría su camino sin punitorios que recordaran nuestras faltas.
Halloween es una festejo divertido pero también nos remite al miedo y los espantos. Tal vez marcar ese día del calendario trajo una cuestión casi premonitoria.Como si nosotros mismos nos hubiéramos transformado en esos adivinadores berretas de salón.
Lo cierto es que los espectros, lejos de quedarse mirando, se sentaron cómodamente a esperar. A subir las apuestas sobre quién se dejaría ganar primero por el pánico, los malos entendidos, la desconfianza o la intolerancia al futuro. Haciendo chistes sobre nuestras incapacidades humanas para generar seguridad sobre los proyectos.
Sobre aquel destino que siempre es incierto e inmanejable.
Entonces no hubo viaje.
Tampoco encuentro. Ni desencuentro.
Eso fue lo más triste.
No hubo nada el 31 de Octubre de aquel año bisiesto. Solo una plaza chilena llena de fantasmas que jugaban a la rayuela con una piedrita del cielo.

domingo, 11 de agosto de 2013

Jump

Es complicado caerse en un pozo.
Enredarse con las raíces que crecen bajo tierra. Dejar de tener miedo a los insectos que dan vueltas por cientos de agujeros sin luz.
Pedir agua. Tener sed pero desear que no llueva para que no se genere un lodazal.
Acostumbrarse a la oscuridad, tener capacidad para optimizar la luz del día y no desesperar con los ruidos por la noche.
Y vivir la estadía con el deseo de salir. Con la fantasía que podrían crecer alas para volar.
Es más engorroso cuando el agujero que nos engulle lo construimos nosotros. Buscando bajo tierra objetos perdidos, tesoros viejos que perdieron valor.
Para suerte de los aventureros, también deambulan equipos de rescate.
Cuando no se puede solo, otros compañeros de viaje, amores nuevos y sobrevivientes, colaboran para encontrar la forma de subir. Hay que hacerlo con los pies, con las manos, con las uñas, con el cuerpo vivo.
Para entender que aunque sapos de otro pozo también podemos saltar con fuerza los días de lluvia.