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lunes, 1 de julio de 2013

De parto

Que se hace con un gran amor?
Uno puede verlo nacer y entender rápidamente que será importante.
Se lo siente gestar como a un niño, en las entrañas, con suaves patadas cercanas al corazón y caminando como si faltara un poco el aire.
Que se hace con un amor así de grande?
Se puede acunarlo, buscarle un espacio, tirar muebles viejos, entregar esos objetos que son solo decorativos y juntan polvillo.
Como se trae a un universo caótico esta semilla de baobab?
Plantando en tierra libre, lejos de construcciones rígidas, sabiendo que sus raíces destruirán las veredas, que habrá que aprender a caminar sobre el césped o en el terreno embarrado, pero dejarle lugar para que  pueda extenderse a su placer y desperezar toda la vida que trae dormida dentro de su cascarón.
Y en ese momento donde se separa sobre la faz oscuridad y luz, donde el día y la noche cobran entidad, se entrega el propio corazón para alimentar su vida.
Y se le da la bienvenida. Como se puede. Con los recursos que se tienen a mano y los que se inventarán.
Un gran amor debería merecer una gran existencia.
Yo lo recibo. Sin estruendos, sin fuegos artificiales. Susurrando en su oído...bienvenido.


martes, 11 de junio de 2013

Solo de palabras

Muda.
Como una prenda que necesita cambiarse pero no sería aceptable en estas condiciones invernales.
Muda.
Sin nada para decir cuando las palabras arman su propio atolladero al querer salir sin encontrar atajos.
Muda.
En el proceso del cambio de piel que corresponde a todos los animales vivientes.
La vida se muda. Se lleva todos los objetos llenos de polvillo a sitios más pequeños. En cajas. Encajados.
Llena de ruidos, ante todo el silencio, prefiero ser muda.


viernes, 17 de mayo de 2013

Esos amorosos


Se enamoran de mí los cavadores de tumbas.
Si llegara al cementerio para  visitar a mi madre un martes por la mañana, día donde hay gran cantidad de entierros, es posible que me lleve algunas propuestas de quienes están trabajando con la tierra.
Es amor. No es un efluvio por atracción sexual de primavera.

Me hacen regalos tiernos. Los anillos que le han sacado a los muertos, pulseras de bronce logradas con la fundición de las manijas de los ataúdes, flores que no están marchitas y son robadas de las coronas. Ramos de margaritas amarillas y rosadas, claveles rojos con los pétalos chamuscados por el frío, crisantemos debilitados con perfume de agua putrefacta. Todo es obsequiado con el profundo sentimiento del amor vivo.
Yo sonrío y acepto los agasajos sin excusa de cumpleaños.
Me coloco los anillos, las pulseras tintineantes,  llevo el ramillete de flores a punto de volverse hediondas y escucho propuestas de hacer un pozo profundo para mi muerte así los gusanos no pueden comerse mi piel.
Luego de la ceremonia de bienvenida, todos volvemos a nuestras tareas.
Ellos siguen cavando para recibir a los que están llegando; yo voy a llorar un rato a mis padres que están juntos en el mismo sitio.
Me alejo despacio para que mis pisadas hagan menos ruido que las paladas de tierra y las raíces que crujen.

Cuando llego a la calle tiro las flores a la basura. Me despojo de la bijouterie mortuoria y se la regalo a una mujer que me pide dinero.
Nunca puedo decirles que los detesto. Ellos son lo único vivo dentro de ese escenario.
Y no quiero enamorarme de un hombre que solo prepara lugares para dejar muertos.
Para dejar muertos, bastante tenemos con la vida.

domingo, 28 de abril de 2013

Pesadillas diurnas

Estoy comenzando a convertirme en el monstruo que siempre soñé.
Un monstruo lleno de peludas intenciones. Con varios ojos en la frente y una forma amorfa para moverme.
Uno de esos que los niños no quieren en sus pesadillas pero que son efectivos en las películas de terror de la adolescencia.
Con capacidad para generar gritos de espanto y sugerir visiones espectrales.
Uno de los que no podrían entrar en los paraísos prometidos.
Uno que no tuviera ninguna posibilidad de sufrir porque pertenece al mismo mundo de espanto.
Esos personajes que causan rechazo pero que al mismo tiempo son la sombra de la luz, la balanza que equilibra.
Permitirse ser aquello que tantas veces temimos...

jueves, 25 de abril de 2013

Vivirlavida

¿Que hacer con nuestros muertos cuando estamos vivos?
Donde colocar sus miradas ausentes, sus sonrisas inquietas, sus colores preferidos, las elecciones diarias, las comidas que dejarán de ingerir, los proyectos que quedaron truncados, los viajes que no podrán realizar o los riesgos que ya no deberán asumir?
Donde alojar tantos datos para que no se sientan olvidados?
Como no sentirse un cobarde si no queremos terminar aquello que quedo sin finalizar?
En que lugar enterrar sus ganas de quedarse, su historia, las canciones que dejarán de ser favoritas, los discos que serán arrojados a la calle?
No hay lugar en la tierra de arriba para ellos.
Dejar sanar los muertos.
No retener sus deseos. Permitirles un lugar seguro lejos del ruido interno.
Despedirlos de la vida con la circunstancia de su destino incierto pero seguro.
Dejarlos ser.
Dejarlos muertos.

viernes, 12 de abril de 2013

Souvenir

No sirve un souvenir del vuelo. El recuerdo de tus alas, no significa nada más que anhelos de recordar el pasado todo el tiempo.
Si fue magnifico o mediocre, ahora da lo mismo.
Observas tu último tesoro imaginando que guarda la esencia de la libertad, pero es solo un fetiche para imaginar el viaje.
Es momento de olvidar como era antes de estos plumones.
Ahora la paciencia, y el encuentro con tu esencia, será lo único que te hará volver a la cumbres heladas.


jueves, 11 de abril de 2013

Crisálida

Cuando la oruga siente que todavía no es el momento (pero que está cerca) debe experimentar un profundo impulso de vomitar eso que constituye su propio universo, el capullo de su producción natural que sin embargo contiene un ahogo oscuro.
No es ahora.
Padece  la última etapa de la transformación pero sin la suficiente fuerza como para liberar la tensión en la que se encuentran sus alas.
Este proceso de asfixia podría transcurrir en el escaso  tiempo de nuestros relojes, pero más extenso para quién tiene pocos días de vida en el calendario gregoriano.
Una tarde llega el instante mágico cuando el sol está dando el paso a la luna.
Impulsada por un deseo de morir con su dolor rompe la red y nace una vez más.
Pero ahora para volar por siempre.