Páginas

viernes, 20 de julio de 2012

Soborno

Y me quedé con el alma desnuda.
La observo indefensa sin máscaras ni guiones para jugar. Sin deseos ni preguntas, sin miserias. Pura. Genuina.

Y me quedé con el cuerpo desnudo.
Lo observo alejado de la razón exquisita, con sus carencias y reclamos. Involucrado en un proceso demandante porque detesta conformarse con lo etéreo. 


Desnudo y vacío. Necesitado del contacto tibio de tu cuerpo, hambriento de los besos, desamparado sin tus abrazos,  sediento de un elixir que no puede beber, soborna mis sentidos y el pensamiento
Por qué el mundo tangible está saturado de obstáculos?   
El cuerpo parece un indigente en la puerta de un templo o una cárcel,  jurando por un dios inexistente que no necesita nada mientras su mundo se desvanece.

jueves, 5 de julio de 2012

Casi una plegaria


Confío por esta vez en la imaginación. Por única. Por hoy, por este momento en donde se comienza. En lo que representa el granito de arena que conforma la playa donde me sentaré a ver el mar.

Ahora puedo hacerlo porque creo en aquello que sustituye a la seguridad, creo en lo probable. En los errores, en los aciertos, en la exploración.
Respiro y me dejo llevar por el aire fresco de los recuerdos nuevos. Por el sol tibio de los hallazgos viejos.
Cambio el aire y me entrego. Lo mejor que puede pasar, ya está sucediendo.

martes, 26 de junio de 2012

Bautismo

En serio te llamás Ada? como un hada madrina?...no, Ada sin H.
No tengo varita mágica, ni poderes y dudo si los deseos se cumplen por la fuerza del sueño o porque algunos acontecimientos son inevitables.
No puedo cumplir anhelos ajenos, aunque más de una vez me gustaría, ni cambiar calabaza por auto 0km.
Más cercano a mi realidad está el transporte público, con sus interesantes historias y sus miserables carencias.
Si estoy bien, si puedo reírme, es porque trabajo mucho en ello. Quiero decir que intento no conformarme pero sí poder deducir que cuando no hay más dulce en el tarro, no se puede pedir más.
Que soy de llanto fácil y zonas oscuras. Pero cada día busco dominar ambas cuestiones para poder pasarla mejor. Y si fuera útil, llorar fuerte o iluminar un poco para ver que no hay nada bajo la cama.
Mi nombre no tiene letra muda, es con A de atención. Por lo tanto, si tu intención era pedirme un deseo podemos pensar juntos como conseguirlo, pero de cuentos ya tuvimos bastante.

viernes, 8 de junio de 2012

En falta

Intento olvidar y en el proceso también me olvido de mí.
Descuido mis sonrisas de cartón marrón: no las puse a secar al sol,  dejé  de retocar la pintura que fue lavada por la última lluvia y no les pasé una mano de barniz transparente para que lucieran como nuevas.
Quiero alejar los pensamientos negativos y me siento a pensar en el cordón de la vereda sombreada. 
Bajo la protección del  olmo le vuelvo a pedir peras sabiendo que jamás podría tenerlas. Me recuesto sobre su tronco y lloro lentamente.Tengo hambre pero pocas ganas de alimentarme.
Me alejo de los recuerdos sabiendo que su efecto es contrario...me acerco a ellos.
Cuando llego no encuentro nada; ni tu sombra, ni tu relato, ni tu ausencia. No existe ese lugar donde antes venía a buscarte.
Entonces me quedo esperando el sueño, el cansancio de la noche y el frío del invierno. 
Sé que yo no tengo la culpa de extrañar, tengo la culpa de no querer olvidar.

miércoles, 30 de mayo de 2012

De grises mostradores y galletitas Melba

Tenía ocho años y sin calcularlo, una vez me dí cuenta que había crecido.
Cuando llegábamos al almacén, por más que yo me aferraba con las manos a ese borde de fórmica y mis pies se extendieran de punta como bailarina, no vislumbraba más allá del mostrador de la heladera comercial que exhibía los productos que necesitan frío. Alcanzaba esa mesada y aunque no pudiera verlo, estaba segura que existía algo más que ese gris meloso.


Lo comprobaba cuando mi madre solicitaba un alimento que asomaba de la zona desconocida.
O algunos días donde el señor almacenero, tal vez para que me quedara quieta, me daba un caramelo que surgía del otro lado.
Pero en una de esas tardes aburridas recuerdo bien, bajo esta mezcla de seguridad extraña sobre lo recordado, que por allá abajo en unos estantes amarronados, se veían unas latas de arvejas. Y más allá unas galletitas que nunca habíamos comprado.
Claro, porque ya había crecido! una altura merecidamente ganada me confirmaba este sutil reconocimiento personal y casi doméstico.


Hoy también me dí cuenta que crecí. Aunque mi medida vertical ya no sume centímetros.
Puedo ver lo que me ofrecen con fecha pronta de vencimiento, lo que requiere un lugar con frío y colores llamativos para que se venda pronto. O levantar un poco el campo visual a voluntad y distinguir otra opción. En otro lugar donde no se llega por más que levantemos los pies, donde solo hay que esperar   volver a ver.
Porque desde ese día de la infancia supe que las galletitas escondidas tras el mostrador fueron las más ricas.
Y eso pasaba... porque las podía elegir yo.


jueves, 24 de mayo de 2012

Camino

Yo sé que tipo de felicidad no quiero.
La que se consigue fácilmente sin haberse ahogado en las profundidades del ser, sin ser sobreviviente de uno mismo.
No deseo aquel estado de elaboración rápida; consejos de revistas femeninas que me convierten en un producto más que en un resultado. Alegrías funcionales de ideas ajenas que explican como ser buena amante, buena esposa, buena amiga, buena ciudadana. Quiero ser feliz con la libertad de ser lo que soy.
No quiero esa dicha sin el sudor de mis lágrimas, quiero emocionarme de parirme tantas veces como sean necesarias.
Se consigue en travesías oscuras que buscan sabiduría.
Pero la prefiero entre todas. Es la que quiero conservar porque cuando se instala en el centro del pecho, mi corazón se vuelve infinito.

martes, 22 de mayo de 2012

Mutis por el foro

Silencio. Ausencia de sonidos o abstención de palabras.
Cuando lo busco y lo encuentro, me colma. Llegando la noche cuando todos duermen y hasta los árboles descansan con la quietud. Lo escucho lejos del insomnio, apacible cubriendo el fin del día se amalgama con el comienzo.
Me lastima cuando está impuesto. Cuando se llena de pensamientos sin decir, cuando lo busco para callar, cuando otros lo utilizan para no hablar. Respirando una atmósfera de intenciones que se desintegran y poco a poco, se vuelven abstractas para siempre.
Ese silencio enmudecido de razones y respuestas. Denso, saturado de afirmaciones que en lugar de conjugarse se diluyen.
Es saludable cuando las palabras hieren. Pero nunca será capaz de suturar las heridas de lo callado.