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lunes, 8 de noviembre de 2010

La cosa

La cosa se puede mover, sacar de lugar, limpiar y volver a ubicar. Es práctica, fácil de instalar en un nuevo sitio y no hay necesidad de consultar. Pero cuando es demasiado grande, demasiado pesada, demasiado difícil de transportar, aunque sea una cosa, se dificulta su proceso de traslado. Y entonces sucede que si está en el medio de una ruta, y nos impide el paso, y para esquivarla hay que caminar mucho a la izquierda o a la derecha o calcular sus cientos de metros para escalarla..hay que tomar decisiones. Algunos optan por la destrucción, otros por reducirla solo a escombros para seguir avanzando. Hacia dónde? Siempre adelante! por la ruta señalada con carteles de colores y letreros que nos indican perfectamente el lugar para llegar. Donde si de pronto te sorprendiera la noche, las flechas se iluminan para no confundirte de sendero. Desconfío de las cosas que se instalan y hay que destruirlas. Desconfío de los caminos señalizados. Desconfío de la gente que cosifica para cambiar. Creo en la observación de las cosas. Creo en la palabra tanto como en el silencio. Creo en la pausa ante el vértigo. Y creo en los caminos nuevos donde se mueve para construir. Creo en las miradas que reciben y pueden pedir. Creo en las personas y no en los personajes. Creo en la tierra que se hace barro para volverse roca pero puede volver a su estado original. Creo en vos y creo en mí. De última se cree mucho más en aquello que no se puede ver. Y de eso también desconfío.

lunes, 11 de octubre de 2010

Mundanal

Estaba el mundo; el mundo grande, redondo y sostenido por cuatro elefantes. Y después el pequeño. El que tenía cien veredas y doscientos árboles, cuatro mil casas con habitantes sin conocer y unas cuarenta donde vivían seres con nombre y apellido. Y el micro cosmos. Una habitación, una almohada y un saco pequeño de lana amarilla por si hacía mucho frío. Entre éste y los siguientes no había espacio; solamente cientos de miles de kilómetros de desierto sin oasis. Y yo seguía caminando. Una ruta sostenida por animales gigantes en un mundo que no existía.-

martes, 28 de septiembre de 2010

Sueños en sillas

Una vez alguien me dijo "tené cuidado con lo que soñás, no sea cosa que se cumpla".
Fue la peor frase que escuché, siempre me pareció inentendible y absurda...podías limitar tus ilusiones para que fueran manejables cuando se cumplieran?
Hace bastante tiempo dejé de creer en las casualidades. Comencé a ver como ciertos acontecimientos se presentan para hacernos experimentar eso que solo nuestra esencia conoce.
Y los sueños buscan ser paridos cuando llegue el momento perfecto. Cuando después de los dolores (de parto) puedan hacerse concretos.
Yo esperé casi veinte años. Como dice el tango, veinte años no es nada. Por supuesto no lo entendía cuando era adolescente, eso era una vida entera!
Hoy lo siento como el tiempo transcurrido para disfrutar la materialización de la espera, amando la sabiduría adquirida y las lágrimas justamente derramadas.
Y se tiene el pecho necesario para disfrutar de esa nueva entrada de oxigeno.
Casi tanto como para gritar que ese axioma ha sido refutado.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Primavera

No es justo el amor añorando. No es justo. No es justo el filo de la aguja punzando la llaga para que no cicatrice. No es justo caminar sobre los espejos rotos para llegar a la cama vacía. Para descansar. Para dormir. Y no soñar. No es justo que todo suceda al mismo tiempo y no podamos vivir todas las vidas posibles. Pero no quiero justicia. Te quiero a vos.

jueves, 19 de agosto de 2010

Palabras malas

Una palabra que tiene mala prensa es descontrol. Asociada al desorden y al caos, que te digan algo como descontrolada, suena pésimo.
Pero lejos de mi buena voluntad, hace un tiempo que el fantasma del "no control" me viene tocando el hombro a cada rato. Me doy vuelta y me mira con su presencia taciturna recordándome que siempre es factible que las cosas salgan de mi sujeción.
Y es peor aún. Intentando comprender, siento que muy poquitas cosas están bajo mi dominio, incluso aquellas que tengo como seguras.
Ya es inevitable.
Por estos días soleados ando descontrolada por el universo...pero a mucha honra.

jueves, 5 de agosto de 2010

Morada

Alimentada por la riqueza de la insolencia me quedé muda. Siendo irreverente, una mocosa malcriada que solo piensa en lo que quiere, cerré las puertas al olvido. Y me negaba a olvidar. Todo el tiempo. Pero las horas con su paso insensible se ocuparon de eso. Un día ya no me acordaba por qué era necesario moquear en la vereda. Pero igual seguí sentada en el cordón. Hacía frío y no me importaba. Podía aguantar lo que fuera por quedarme ahí. El entumecimiento me dejó sin poder moverme. Ni siquiera los músculos del rostro para manifestar la emoción. Y supe que si no salía pronto...simplemente moriría. (Nadie escapa de sus aprendizajes. La rebeldía es inapropiada en ciertos ámbitos)

viernes, 30 de julio de 2010

El don

Tener un don parece como recibir un regalo sin tener muy claro a quién agradecerle. Hay personas que fácilmente lo descubren y otros que pasan toda su vida sin percibirlo. Y en general los demás pueden apreciarlo si toma forma en objetos, escrituras o complejos sentimientos de bienestar. Hay personas que tienen el don de la palabra. La utilizan como una herramienta similar a un martillo o una pala, como el instrumento y por supuesto como el medio perfecto para canalizar sus pensamientos. Encuentran la conjugación precisa y los adjetivos encajan sobre los sustantivos sin que hubiera una opción mejor para expresarse. Pero que decir cuando una persona tiene el don del silencio. No es algo muy apreciado. Puede llegar a pasar por cobarde, inexpresivo, abúlico o carente de la capacidad de expresarse. Sin embargo todos conocemos gente que más que anhelar este don debería aprenderlo de la misma manera en que nos enseñan que no es bueno cruzar una calle si el semáforo no nos habilita. Hay una canción que dice "y cuando no tenga nada que decirte, no me apresures para que yo escuche mi silencio"; escuchar pero también callar, dos hermosas instancias que están faltando en la popular era de la comunicación. Cuando no hay nada más para agregar, dejar de poner dulce de leche y confites a una torta que nadie va a querer degustar. Saber parar, saber frenar..tener el don del silencio (Dedicado a mi amigo querido que posee en perfecta medida este don)