Es increíble como los objetos adquieren un valor diferente. Ese valor es dado, no solo por la persona que los observa, sino también por el espacio que fue compartido donde estos objetos pudieron formar un escenario.
Por eso amo la escenografía, porque sin darnos cuenta todos los días le otorgamos a entes sin importancia en sí mismos, un valor agregado que difere absolutamente para cada persona.
El otro día hice una lámpara. Abatida por el ahogo se me ocurrió un objeto que identificara esa situación y le puse un nombre "Lámpara con características modernas", basando el nombre en el mensaje más que en el diseño. Los que la vieron acotaron, según su gusto o disgusto, pero nadie reparó en su función vital.
Pero siempre hay alguien que marca la diferencia. Esa fue la opinión de mi amigo Pablo cuando dijo..esto no es una lámpara, es una luminaria. No alumbra, no podría leer, pero me acompaña. Y eso me gusta.
Cuando otro dice lo que uno quisiera expresar, el corazón sonríe. En oposición, cuando no podés ver nada más que lo visible, ni un sol podría hacerte observar lo que te rodea...